poltergeist: Enfield

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El término «Poltergeist» procede de la voz alemana poltern, que significa hacer estruendos y geist, espectro. 3 testigos presenciales del accidente conocido como el «poltergeist de Enfield», se rencontraron para la BBC. Sin opinar lo que veía, la mujer aseguró haber empujado el mueble. «La tercera vez no pude moverlo», quedó registrado en una entrevista grabada. 

Atemorizada, Hodgson llamó a su vecino en el momento en que unos extraños ruidos, acompañados de repetidos golpes, prosiguieron a aquel enigmático hecho.

El fotógrafo de prensa

Mientras que laboraba para el Daily Mirror, el reportero gráfico Graham Morris, recibió una llamada en el medio, con lo que fue mandado a la vivienda de los Hodgson para documentar el extraño acontencimiento que, con lo que recuerda, le cambiaría la vida. Súbitamente, los objetos se levantaron en el aire y comenzaron a volar por el cuarto. «La última en entrar fue Janet», recordó el hombre al asegurar que fue golpeado en el ojo por un cubo de Lego. El fotoperiodista se puso en un rincón para observar a todos y cada uno de los presentes. 

[…]

En la imagen, la pequeña semeja haberse elevado por el aire, «volando por la habitación», desde una situación boca abajo.

El estudioso psíquico

Unas canicas que se movían de un sitio a otro, fue una parte de lo descrito por el estudioso en ese instante.

La reportera de radio de la BBC

Entonces que las pequeñas se durmiesen, «se generó un clamoroso estruendos arriba en su habitación», narró la reportera sobre una vigilia nocturna en la vivienda así como Maurice Grosse.

Rosalind Morris

La cronista de la BBC Rosalind Morris fue una de las primeras en reportar sobre el caso. Al subir las escaleras, Morris apreció que algo había apartado una silla durante prácticamente tres metros, de un lado a otro de la habitación. El letrado Richard Grosse es el hijo del estudioso psíquico Maurice Grosse. Recién titulado como letrado, participó en el interrogatorio que su padre practicó al poltergeist de Enfield. 

El espectro

Se escuchaba una voz masculina, muy ronca, siempre y en toda circunstancia en presencia de los pequeños y sobre todo tras Janet Hodgson, quien aseguró que oía como la voz parecía manar de la parte posterior de su cuello. Como Bill Wilkins de setenta y dos años, de esta manera se identificó la presencia, un viejo habitante de la casa y que había fallecido en el sitio. El ente le respondió que murió dormido al padecer una hemorragia.

Bill Wilkins

La versión de la muerte de Wilkins sentado en la silla, en aquel rincón del recibidor de la vivienda fue confirmada más tarde por su hijo Terry.

Las hijas

«Todos estábamos en un estado horrible, asustadísimos y cansados», contó Margaret al asegurar que todo empeoraba con el pasar del tiempo. Por su lado, Janet manifestó haberse sentido empleada y abusada.

¿Era verdaderamente un poltergeist?

Hay quienes creyeron que todo se trató de un invento de los residentes para lograr una casa mejor. Que habrían aplicado trucos de magia. Esa teoría conspirativa de la madre soltera que criaba 4 hijos, fue descartada por la reportera Rosalind Morris, quien aseguró que «tenía una buena casa en lo que a ella respectaba», y en la que en verdad la señora Hodgson murió en dos mil tres. Exactamente la misma cronista aceptó que al comienzo procuró descubrir el «engaño» que tenía que tras de aquellos hechos siniestros, mas que pronto se persuadió de la honestidad de Hodgson, de quien reconocía «estaba muy asustada». 

Era verdaderamente un poltergeist

Asimismo se propuso la teoría de que Janet Hodgson sufría el Síndrome de Tourette, lo que rechazó Richard Grosse al aducir que la voz «hablaba incesantemente a lo largo de 2 o bien 3 horas». Aun su padre Maurice rebatirá la tesis del ventrílocuo, catalogando de «imposible sostener una voz particularmente grave por lo tanto tiempo sin dañar la cuerdas vocales».

[…]

Muchos años tras lo ocurrido, Morris prosigue sin saber lo que ocasionó todo aquello. Absolutamente nadie puede decir con certidumbre lo que ocurrió a lo largo del verano de mil novecientos setenta y siete en doscientos ochenta y cuatro Green Street de Enfield. Sin importar lo más mínimo su auténtico origen, el caso ha sido objeto de investigación y ha inspirado producciones audiovisuales, que siendo determinados o bien falsos, prosiguen ocasionando sensación pese al tiempo.

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